Viaje al Priorat

Viaje al Priorat 5,6 de marzo de 2018

Con el recuerdo aún vivo, comienzo a escribir todo aquello que ha quedado grabado de forma clara e impactante, en todos nosotros. Ha sido intenso y muy esclarecedor, desde el principio planteamos el viaje de forma que pudiéramos llegar a todas partes sin agobio, conceder tiempo al tiempo. Está claro que menos es más y querer abarcar un número mayor de bodegas, nos hubiera permitido tener una visión más global, como ya le tenemos, pero ahora lo que buscábamos es el conocimiento del terruño y de las personas que día a día trabajan en él. Y poder disfrutar con la muestra de su esfuerzo y pasión, en forma de vino.

Desde la salida muy temprana en Valencia hasta nuestra llegada a Falset, fuimos calentando motores e incentivando nuestra curiosidad, con lo que nos íbamos a encontrar. Cogemos la empinada carretera hacia Porrera y de entre sus numerosas curvas, tomamos una a la izquierda que nos lleva a la bodega de Ferrer Bobet, allí nos espera Elena Güerre. Nos recibe en lo alto de la montaña desde donde podemos divisar prácticamente todo el viñedo y parte del de otras bodegas. Las señas de identidad propias del Priorat, sus costers y terrasses, un viñedo desafiante, es uno de los de mayor pendiente de la denominación. Paralelamente gestionan y compran uva principalmente Cariñena y Garnacha Tinta ambas centenarias, a las que les une con sus propietarios el máximo respeto y admiración.

 

La bodega comenzó a plantar su propia viña alrededor de la bodega en los años 2004 y 2005. Tras un estudio detallado de cada suelo se fue seleccionando la variedad adecuada a cada tipo de suelo y orografía. La variedad más plantada es la Cariñena junto a la Garnacha Negra, además hay Syrah, Cabernet Sauvignon, Viognier y Roussane. Reciben apoyo en el riego solo en sus primeros años, para después depender del rigor climatológico del Priorat: severo y austero en lluvias y generoso en calor, pero muy bien nivelado por los aires del mar y del choque térmico día- noche, lo que permite una buena maduración fenólica de la uva y una fijación de la acidez y de los aromas, que quedan de forma muy determinada en sus vinos. El suelo como no puede ser de otra forma es enteramente de llicorella (pizarra). Es la de color marrón con menor contenido férrico, aunque también tienen parcelas con ese tipo de suelo. Transmite a los vinos una rica carga mineral y les dota de una marcada personalidad y estilo.

Entramos o rodeamos la bodega, Elena nos muestra donde recepcionan las uvas que llegan en cajas de 10 kilos. Previamente las uvas han estado en una cámara frigorífica desde que son vendimiadas "descansan" y se enfrían a unos cinco grados, donde maceran y ganan en tersura, para de esa forma pasar por la doble mesa de selección. Se despalillan y se estrujan levemente. Todo el sistema de elaboración está ideado por gravedad, han sabido aprovechar el desnivel de la montaña para ir creando los diferentes espacios.

El vino fermenta en numerosos depósitos de roble francés, elaboran por separado cada variedad y parcela. Lo pasan a barrica donde realiza la fermentación maloláctica, para después proseguir la crianza.

La bodega es un espacio bello y austero en las formas, pero con mucha alma en su interior. Nada se escapa, nada se improvisa y no se ha escatimado ningún detalle, la calidad perdura y es su santo y seña.

Un edificio sabiamente integrado en el entorno, si destaca es por su belleza y su mirador, las vistas impresionan, seducen y atrapan.

 

Vamos con los vinos que catamos:

 

El primero fue FERRER BOBET 2015

Uvas Cariñena (48%), Garnacha negra (22%), Syrah (23%) y Cabernet Sauvignon (7%) de nuestro viñedo plantado durante los años 2004, 2005 y 2006 en terrasses y costers de llicorella.

Pese a la juventud del viñedo, este vino tiene una marcada personalidad. Las variedades autóctonas mandan, aunque hay una excelente sinergia entre todas ellas. Es un vino que se muestra vivo, su color delata su juventud, primario, la fruta ahora mismo es quien lo dirige y articula. Es tan fresca como algo madura, bien sazonada, sabrosa. La madera es puro respeto, hay pinceladas de especias y notas balsámicas junto a ese toque mineral de marcado acento, que lo sitúa a su lugar de procedencia.

En boca sigue la misma senda marcada por lo apreciado en nariz. Es fresco, singular, con una acidez fina, tramada, jugosa. El tanino está muy amable pese a su juventud, lo paladeas, se bebe con gusto y sin medida, invita al trago. Aunque está claro que lo mejor ha de llegar, es muy honesto y sabe dar desde ya, placer y autenticidad.

 

Seguimos con el FERRER BOBET VINYES VELLES 2014

Viñas viejas de Cariñena (70%) y Garnacha negra (30%). Vendimia manual en cajas de 10 kg de uvas procedentes de costers y terrasses de llicorella.

Es un vino que demanda nuestra atención, si bien esta tierno, joven y frutal, cargado de frescura y expresividad, es un vino que sabe evolucionar y girar, mostrando diferentes caras y amplitudes. La crianza en barrica es fina y elegante, atrapa sin apretar, deja que la personalidad sea de la uva y del terruño. Gusta la definición de la fruta roja, el aire Borgoñés, su delicadeza e identidad. En boca es un vino cargado de argumentos y de finura, con una acidez fina y alargada, a la par con un tanino envolvente, sedoso, punto láctico, con nervio, carácter y longitud.

 

Terminamos con el FERRER BOBET SELECCIÓ ESPECIAL

Viñas centenarias de Cariñena (94%) y viñas viejas de Garnacha negra (6%). Vendimia manual en cajas de 10 kg de uvas procedentes exclusivamente de costers de llicorella.

Es un vino sereno, franco, donde se expresa la Cariñena con entera libertad. Sigue el estilo de delicadeza y finura, nada ausente de personalidad y de definición. Es de un aroma penetrante y profundo voy y vengo hacia él una y otra vez. Es un buen ejemplo, teniendo los tres delante, de la evolución de la bodega. La fruta es madura, bien sazonada, hay leves y agradables notas licorosas, puro eco, frescura y complejidad, especias y tabaco, sin duda augura futuro y una mayor comprensión de sus matices y sensibilidad. Nos gustaría catarlo en el tiempo, para ver como se confirma su potencial. En boca la frescura manda, el tanino es tierno, se agarra sin dañar, se agradece lo eleva y le dota de mayor profundidad, parece que se va y vuelve cargado de especias, terruño y una fruta, agradable y sincera.

 

Hay que destacar lo bien servidos, en cuanto a la aireación de los vinos, junto a la perfección de cada copa, en cada unos de ellos. Las Riedel Cabernet y la Syrah y Pinot Noir. El trato y la profesionalidad por parte de Elena fue exquisita.

 

Como disponíamos de un poco de tiempo paramos en Porrera y entramos en Vinum para degustar algunos vinos. Nos sirvió de perspectiva de la zona, eligiendo diferentes productores y terrenos así como variedades. Instructiva visita que te baja un poco a la realidad.

Fuimos a comer a Falset, queríamos algo práctico y no muy denso, pues nos esperan pronto en Vitec. Y acertamos entrando en el restaurant JM, pedimos el menú del día con: Humus, calçots en tempura y salsa de romesco y un conejo en salsa y setas. De postre una sopa de chocolate con pan tostado. Del vino, mejor no hablar.

Al café llego nuestro amigo Raúl Ferrer, miembro del Vitec. Se trata de un Centro tecnológico de apoyo integral a la I+D+i para el Sector Vitivinícola. Nos dirigimos junto a él, para conocer el centro y al resto de compañeros, al igual que todos sus trabajos de investigación y técnicas de cata. Participamos en una de ella con una hoja de cata muy particular, que divide la parte sensorial de la más racional, disecciona al vino en sus vertientes más químicas de las puramente hedonistas. Sin menospreciar ninguna de ellas y por mucho aporte científico que el centro aporte, la palabra final recae, siempre, en la cata que es la que certifica o cuestiona los resultados.

Catamos ocho vinos en cuatro tandas en cata ciega, no sabíamos nada de ellos. Comenzamos con dos vinos blancos, el primero estaba muy determinado por las levaduras, aromático, potente, fruta tropical a kilos, en particular el plátano, con unas notas herbáceas y de ligero contenido floral. En boca era algo justo de acidez, ligero toque amargo, no muy largo y algo anodino, de los que como viene se va. El segundo parecía una réplica del anterior, pero más delicado, menos intenso, sentenciamos con un menos es más, incluso en boca tenía algo más de permanecía. Creímos que se trataba de un Verdejo y acertamos, la diferencia estriba en las levaduras empleadas, determinantes en el resultado final.

Continuamos con otra tanda de dos vinos, en este caso tintos. El primero de ellos era un poco más leve en color, sin tanta capa, la expresividad olfativa algo parecida, aunque en el primero aparecían unas notas algo sucias que empobrecían el conjunto. Pensamos en un Tempranillo (y acertamos) algo verde y la diferencia no supimos donde radicaba, no lo dijeron hasta el final, pues el resto de los vinos tenían la misma particularidad.

Siguientes dos vinos, buena capa, algo más baja en el primero y al igual que en la fase anterior, el segundo tenía unas notas algo sucias, a hormigón, leve toque animal y un final amargo en boca que le restaba elegancia. Punto vegetal que nos hacía sospechar en una Cabernet o Merlot, aunque esta vez no fuimos tan categóricos, finalmente se trataba de una Cabernet.

Y por último otra tanda de dos vinos, las mismas características de color, ambos de capa media baja, en uno de ellos, el primero, había notas azules y una lágrima densa y fina. Aromáticos, con una buena presencia de fruta, sin tirar cohetes pero francos. No supimos dar con la variedad, pero quizás más por miedo, porque identificamos unas notas terrosas y de polvo de cemento, que ya habíamos comprobado en la cata de otros vinos al mediodía. Se trataba de dos vinos de Cariñena y con la característica común de que uno de los vinos no tenía sulfuroso y el otro sí. En cada tanda nos cambiaban el orden, pero coincidíos todos en destacar que los aromas sucios y la inestabilidad del color provenían de los que sí tenían sulfuroso. Lo del color tiene su lógica ya que la fecha del embotellado era reciente, lo del aroma es un poco más discutible.

Curiosa y animada cata, que terminó con tres vinos más, todos contaminados por Brett. Dos inoculando 4-etilfenol y otro proveniente de bodega. Curioso comprobar que no solo lo identificamos por sus características de sudor de caballo, cuero limpio, sino por el aroma a sidra, más en concreto a la que cae en el lagar y se pisa, llevándote a la boñiga de vaca o de caballo. Fue muy animada la charla sobre el umbral del bien y del mal, para algunos unas notas leves, ensalzan o marcan un estilo de vino, propio de toda una denominación puntera y para otros no son virtudes, solo defectos. En las fotos podéis ver algunos de los trabajos realizados por el centro. Expresamos nuestro agradecimiento a todos los miembros de Vitec por su acogida y si nos lo permitís, queremos mencionar el trabajo personal de Raúl, junto a sus dos hermanos, en la elaboración de un magnifico vino, llamado Endemic. Para saber más, ponemos un acceso a un reportaje sobre ellos.

http://globalstylus.com/tres-hermanos-un-solo-proyecto-endemic-bodegas-ferrer-gallego-et-al/

 

Bueno, tras la vista nos trasladamos de nuevo a Falset, estiramos un poco las piernas viendo el pueblo, la lluvia nos acompaña y no tardamos mucho en meternos en una fabulosa tienda de vinos: Calaix-Vins, nos atiende el propietario y seleccionamos cuatro vinos para la cena y algún otro, para llevar a Valencia. Tenemos todos muy claro que la cena la hacemos en la casa que hemos alquilado en El Lloar, el cansancio pesa, no queremos más coche y si la intimidad y complicidad del grupo, beber y disfrutar para tomar más fuerzas para mañana. Pillamos un buen pan, aceite, tomates, quesos, embutidos y unas chuletas, suficiente para sufrir un poco.

Los vinos de la cata:

Primera sorpresa a modo de entrada mientras picamos una llonganissa de pagés. Se trata del vino Blanc (paréntesis) 2016 curiosamente del pueblo donde estamos hospedados, El Lloar. Curioso coupage de 70% de Garnacha Blanca y un 30% de Pedro Ximénez. Un vino Brisat, diríamos que únicamente la ultima variedad, que le confiere un toque muy particular. Por esto mismo el Pedro Ximénez puede parecer que roba protagonismo a la Garnacha, al menos en nariz, porque en boca la fortaleza y nobleza, expresada con una soberbia acidez de la Garnacha, hace resurgir y forma un buen conjunto.

Continuamos con un viejo amigo, Mas d´en Compte 2013. Es un concepto completamente distinto donde la Garnacha se las ve con la crianza en barrica algo domada por el tiempo, lo cual vino de perlas pudiendo saborear este vino con calma y descubriendo, un poco más a la variedad, pues en ocasiones anteriores, estaba tapada en esa estupenda gama de aromas y sabores provenientes de su crianza en la barrica. Como bien dice Vicent, es de un estilo muy Borgoña con una madera muy integrada que le dota de estructura, matices avainillados y de tahona.

El primer tinto fue el Raret 2016, lo vio Sergio de entre las baldas, pregunta si lo conocemos y de inmediato se acerca el propietario del local y nos lo recomienda. Se trata de una Garnacha tinta, pero que esta cultivada en un terreno arcilloso, completada con Cariñena (5%), Cabernet Sauvignon (5%) y Syrah (5%). Es un vino con otro talante, muy fresco, se aprecia el terruño y como lo modula.

Terminamos con la Carenyeta De Cal Plà 2014, Cariñena (100%). Nos pidió tiempo para abrirse y para poder irse el animal que llevaba dentro. Una vez conseguido, el vino se limpia y se torna más fresco, frutal y floral. Con alcance y longitud, sabroso.

Descansamos e iniciamos un nuevo día. Esta vez nos trasladamos al bello pueblo de Gratallops donde veremos la Bodega y viñedo de Álvaro Palacios. Desde la bodega la vista del pueblo es preciosa, además, el tiempo nos acompaña con un sol radiante y un aire frio y terso.

De la mano de Elena nos vamos al campo para ver el terruño y el viñedo, el verdadero patrimonio de la bodega. Vemos in situ la diferencia marcada entre una terrassa y un coster, la Llicorella fragmentada y las pendientes empinadas, las orientaciones del viñedo y las distintas variedades adaptadas a tal fin. Entiendes de primera mano el trabajo y el esfuerzo que supone extraer a estas vides su zumo. Y lo que nos llamó poderosamente la atención, fue el gran número de personas trabajando en campo, sin trampa ni cartón, esa es la autenticidad del proyecto. Estuvimos en las fincas de Les Terrasses y Dofí, en las fotos se puede apreciar todo el esfuerzo realizado, con un cultivo sostenible de la viña sin tratamientos químicos, puro respeto por el suelo y por la planta, de esa forma se aseguran una uva cargada de salud y sabor.

Cambiamos totalmente de orientación y nos trasladamos a la finca de l’Ermita, penetramos dentro de ella, observamos las viñas como se agarran a la montaña, viñas de entre 80 a 114 años, pequeñas, con un crecimiento lentísimo, su vigor es el grano de uva y el apego al territorio. Esta viña transmite paz y sosiego envuelta en el bosque mediterráneo. Desde allí se observa la nueva eclosión del Priorat, arañando al bosque con los nuevos viñedos, que no hacen, sino recuperar el terreno perdido del esplendor anterior. Atendemos a las palabras de Elena, su pasión y dedicación, su esmerado trabajo, transmite su alegría por pertenecer a este proyecto, se aprecia como se lo gana día a día, el apego a la tierra, los vaivenes de la climatología, el rigor de la sequia, la ilusión por las nuevas añadas.

De allí regresamos a bodega, vemos las instalaciones, y llama de nuevo la atención el gran número de personas trabajando en ella. El frescor, la sabia combinación de la madera y del metal, lo bello, sin ostentación, la consolidación del proyecto plasmada en el trabajo y en la dedicación, nada llega o viene regalado, hay un respaldo de todos de tirar hacia adelante haciendo cada día las cosas mejor.

Impresiona la cámara de crianza por su bóveda y por las barricas, bueno, más bien por su contenido.

Subimos a la sala de catas, nos esperan tres vinos, son muestras de barrica todos ellos de la cosecha 2017.

Comenzamos por Les Terrasses: Se muestra desde el inicio limpio y claro. La fuerza frutal es dominante, clara y contundente, la barrica abriga, ahora está más bien dormida, son bellas pinceladas de monte bajo y especias. Leve y sutil aspecto ahumado. En boca es un primor, se deja beber, paladear y sentir. La madera no araña, su tanino es dulce y la acidez es una muestra de naturalidad y jugosidad, lo alarga, le confiere vida y expresividad, mascas la fruta y gusta su profundidad cargada de contenidos.

 

Seguimos con Gratallops: Un vino de Vila. Se aprecia en él desde el primer instante su concentración, como la fruta varía hacia la madurez en sazón y frescura. Denso sin pesadez, delicado sin ser efímero, cambiante al movimiento. La crianza al igual que con el vino anterior es fina y respetuosa, sabe complementar las notas especiadas de la fruta y la tersa mineralidad. En boca sorprende su "bondad" teniendo en cuenta que acaba de salir de la barrica. La fruta es dueña y señora de la situación y de nuevo la acidez articula y vertebra este vino, el tanino le da cuerpo y estructura, todo bien tramado con un untuoso alcohol. Un vino en crecimiento que ya marca su personalidad y su futuro.

 

Terminamos con Finca Dofí: En inicio hay más rasgos coincidentes con sus hermanos de los que se esperaba. La fruta como no podía ser de otra forma se muestra expresiva, hay contenido y profundidad sin apabullar, hay espacio para todos y los aromas los encuentras en su sitio, buena sinergia con la crianza, finas notas especiadas y de terruño. Lo bueno con él y a ligera diferencia con los demás, es que evoluciona y cambia sorprendiéndonos. Los matices se hacen más claros y profundos, es elegante, sincero y claro. La fruta tiene múltiples gamas, destacamos de entre ella a la cereza. En boca, se agarra, queda prendado del paladar, aunque ahora solo un poco, la acidez barre y refresca, estira al vino y redunda su juventud. Lo paladeas una y otra vez, es el acompañante perfecto de la sobremesa y un punto final a esta magnífica bodega.

 

Después de unas cuantas horas nos trasladamos hacía el restaurante Mas Trucafort en Falset, está en la carretera de Bellmunt. De nuevo no queremos hacer una gran comida puesto que, desde allí partiremos hacía casa. Comemos de forma variada: Verduras a la brasa con Romesco, destacar que con menos presencia de tomate y ñora y ensalada nada aburrida. De segundos pedimos cordero al horno, lo sirven con el detalle de la bandeja de hierro y sobre un lecho de patatas sin pelar y cebollas, soberbio, se aprecia que crían el ganado y pasta una buena hierba. Butifarra negra de Falset a la brasa y unos huevos camperos con verduras a la sartén. Postre delicioso y casero de yogur de leche de oveja con miel o mermelada de higos, más un pa de pesic tradicional con chocolate. Del vino no hablaremos.

En las fotos apreciaréis más detalles y la profundidad del significado del Priorat, un viaje intenso que perdura en nuestras mentes y en nuestros corazones, ligado a sus gentes y a su hospitalidad. Os animamos a visitarlo y a descubrir su grandeza, los pueblos y el paisaje, su trabajo en forma de vino.

Copyright © All Rights Reserved